En el entorno del Valencia no podemos hacer de cada derrota un drama eterno. No, los equipos que luchan por evitar el descenso, que por desgracia es nuestro caso, no lo hacen, y nosotros no vamos a ser un excepción. O sí, porque al final ya no sé qué pensar. Cada vez que perdemos, y nos quedan seguro que unas cuantas, es siempre lo mismo, pero punto por punto, para no llegar a ninguna parte y sólo encabronarnos más.
"No damos lástima, damos pena", me decía un amigo ayer por la noche, después del partido. Y claro, el problema está en la expectativa. Si queremos ver a un gran Valencia, hoy, no podemos, porque no se lleva 6 meses en descenso por mala suerte, no seamos absurdos. Y luego tienes fallos, y el entrenador se equivoca y delante tienes un gigante, pero no puedes hacerte mala sangre con eso, porque no beneficia a nadie.
Entiendo las posturas, que yo también resoplé mil veces y maldije muchas más contra los de Simeone, pues claro. Pero acaba, y ya. Ahora mismo, ya. Ni por proteger a nadie ni por nada, simplemente por sentido común. Rasgarnos las vestiduras no vale de nada, y menos ahora, y lo único que toca es Pamplona, Osasuna, porque ahí nos volvemos a jugar tres puntos que nos hacen falta como el aire para respirar. Y no hay nada más.