“Pues nada, que le den todo, que como Lim no es el Valencia, todo adelante”. Hace unos días tuve una discusión con un buen amigo a cuenta del Valencia, de Marea Valencianista y del máximo accionista del club.
La única ventaja que podía tener en esa charla, que se tornó tensa, es que mi postura no ha cambiado nada en años, siempre ha sido la misma, y eso, quieras que no, deja claras cosas de salida. Porque a Lim no le dan licencia de obras, no le firman el convenio, no le permiten vender el terciario ni le respetan privilegios urbanísticos.
Todo eso se la dan, o se lo niegan, al Valencia, que es quien debe acabar el campo, quien lo explotará, quien venderá ese terciario, quien liquidará la parcela del actual estadio y el que disminuirá su deuda como mercantil. El club, el nuestro, el del Bar Torino, el de 1919, nadie más.
Repito que entiendo el latiguillo de Lim, porque claro, no vamos a decir que hay que asfixiar al Valencia, porque eso generaría un giro social muy salvaje, pero al final, eso es lo que ocurre, ni más ni menos. Y mientas insistamos en eso, que no tiene por dónde cogerse, la situación será exactamente la misma, sin cambio alguno, porque nada variará.
Lim es el máximo accionista, seguro, pero no es el club. ¿Que los cambios pueden hacer que venda más caro que ahora? Otro planteamiento erróneo, porque la frase correcta es “hacer que venda”, que le recuerdo al personal que es lo que buscamos, y que para eso, hay que tener un comprador que le vea valor a la mercantil, cosa que ahora mismo no ocurre.