Como aficionado del Valencia, vender a un canterano es una de las cosas más duras que hay. Con 50 años, he visto irse de aquí a muchos jugadores, algunos de los mejores del mundo en su momento, pero nada comparado a cuando es un chaval formado en casa. Porque tu vinculación con él, aunque no lo conozcas de nada, es distinta, hay algo que te une a ese chico, que de alguna forma encarna el sueño que siempre has tenido cuando eras pequeño: jugar en el Valencia.
Muchos chicos formados en la casa se han ido en los últimos 15 años, muchísimos. La lista ya la sabemos, y por desgracia, debemos sumar uno más, Javi Guerra... Porque sigo pensando que será vendido. Y todo ello con la sensación de que es el último... hasta el momento, porque nadie nos puede asegurar que no siquiera eso haya terminado este verano. Ver cómo se marcha al de Gilet es una sensación muy dura, porque de alguna forma representa una especie de fracaso, de que algo no se hace bien.
Y todo ello después de un enorme trabajo, porque el talento que se está moldeando en Paterna es enorme, pero luego tiene muy poco recorrido en el primer equipo. Cada uno por una serie de cuestiones, pero en lo que llevamos de década, Ferran, Kangin Lee, Soler, Lato y ahora Guerra. Mucha gente, muy joven, con un potencial enorme, y que no están en el lugar que debían. Rabia e impotencia, y la sensación de que esto debe terminar cuanto antes.