El Valencia está en manos de Jorge Mendes y de Peter Lim. Nada nuevo bajo el sol en estos últimos 8 años, aunque lo cierto es que ha habido varios momentos, más de los que nos podemos imaginar, en los que las cosas no han sido exactamente así. Lo de Mendes y Lim siempre ha sido igual en cuanto a ser socios y amigos, y el luso consejero del singapurense en muchas cosas. Incluso en la compra del club, porque andaban buscando en Europa un equipo, y al final fuimos nosotros.
Se tiende a demonizar a Mendes, pero siempre de un modo selectivo. Cuando las cosas han ido bien o se han hecho buenas operaciones, que las hemos tenido, silencio total. Cuando ha salido todo mal, los cañones apuntando sin miramientos. Y no me parece correcto, porque esto es como cuando los jugadores salen. Lo hacen ganando y perdiendo, porque son jóvenes, pero en función de cómo sopla el viento les queremos matar o invitarles a las copas.
Lo que está bien esté bien siempre, y lo que está mal lo mismo, no puede depender del contexto, que siempre estamos igual. Mientras el 90% del Valencia sea de Lim, y Mendes sea su persona cercana, estamos en sus manos. ¿Eso es malo por necesidad? Ni bueno tampoco, porque hemos tenido de todo en estos 8 años, un carrusel de sensaciones que no son normales, y eso tampoco puede ser. Igual que decidieron traer a Alemany decidieron echarlo, y lo mismo con Anil Murthy.
Esos contrastes en las decisiones nos han destrozado, han retrasado años la evolución del Valencia respecto al Atlético de Madrid o Sevilla, y ahora sólo podemos correr y remontar, que no nos queda otra. Y estamos, repito, en sus manos. Les podemos seguir insultando, que veo que va a ser la tónica, pero yo prefiero pensar en que aciertan, por el bien de todo, porque seguimos sin comprador, y ellos al mando del Valencia. Lo queremos ver o dejar de ver.