No hay noticias sobre la renovación de José Luis Gayà por el Valencia. Es un asunto que parece estancado, parado, y que con la cortina de humo que siempre levanta un evento como una Eurocopa o un Mundial (el mercado no se para, que no nos engañen a nadie), ha quedado un tanto postergado. En este asunto se va a jugar también una partida divertida, con muchos actores y con intereses cruzados a más no poder. El despacho del jugador, los hermanos Toldrá, por supuesto que moverá sus hilos, es su obligación, y cuando esa máquina se ponga a andar, lo harán también otras “industrias paralelas” que se mueven cuando pasan este tipo de cosas.
El Valencia será el débil (el Valencia, no Meriton, que a todos nos debería importar un carajo), el jugador estará como en una urna, y todo servirá para argumentar que se pueda marchar, como si eso fuera bueno para nosotros. En este apartado, el hecho diferencial va a ser el jugador. Su voluntad en definitiva. Porque está claro que un tipo con 26 años y mucho ya a sus espaldas, no es tan maleable (no digo manipulable ni tampoco lo pretendo), y tiene mucho más claro lo que quiere y lo que no.
Si el de Pedreguer insiste en quedarse, y para eso hay que ponerle delante un proyecto deportivo que le resulte estimulante más allá de de jugar con el equipo de su tierra y del que se siente parte, se quedará. Aunque el camino para ello sea delicado, largo, y como digo, con muchas presiones de todos los colores. El primero que debería remar a favor debería ser el club, que es quien más dudas me genera, pero me queda claro que el entorno debería poner su grano de arena, y no lo tengo nada claro tampoco. Las piezas se están poniendo en el tablero. Veremos cuándo comienza la partida.