Gonçalo Guedes y la cantinela ya cansina, y soy de los que la ha usado hasta decir basta, del “tiene que ser su año”. Lo estamos repitiendo por tercera vez desde 2018, y sinceramente, es más por la necesidad que por la fe que le puedo tener a un chico que cuenta con un potencial para ser uno de los mejores jugadores del mundo, pero que por la regla del artículo 33, parece una sombra de sí mismo, y se ha convertido en absolutamente intrascendente y prescindible en un equipo del que se han ido todas sus estrellas.
Por todo ello debía ser aún mas importante este curso, pero en lo poco que llevamos, la nada y Guedes van cogidos de la mano. Y ya no cuenta ni para la selección de su país, que es mucho mas grave todavía. Este fin de semana se va a Villarreal, donde quizá jugó su último gran partido con el Valencia, un 11 de abril de 2019, marcando dos goles y zanjando el pase del equipo a las semifinales de la Europa League.
Fueron esos dos meses brillantes que tuvo, los últimos con esta camiseta, porque después vino lo poco, y finalmente, como decimos, la nada. No sé si es por el escenario, por el rival, por las ganas o por la pura necesidad, pero Guedes se tiene que parecer en algo a ese futbolista que fulminaba rivales y las porterías contrarias. Algo, o mucho, tiene que cambiar en él, porque se le necesita, porque es un lujo tenerlo en estas condiciones, porque sobre él y sobre otros se puede volver a construir. Pero si está a su nivel, porque en otro caso, en este club está de más.