¿Se juega la cabeza Marcelino como entrenador del Valencia esta semana en el partido contra el Huesca que cierra el año 2018? Pues es una posibilidad, no nos vamos a engañar, porque se está muy lejos de todo, con una sensación extraña en el cuerpo, esa que deja el equipo con una de cal y otra de arena, pero sobre todo se mira al horizonte con preocupación, ya que a lo que se está obligado en lo que queda de campeonato es a hacer números de casi campeón, o caer en la tentación de pensar que el camino más corto a la Champions es vía Europa League, y eso puede ser un error grave, muy grave. Nadie piensa en una derrota del Valencia contra el Huesca, porque a nadie le puede entrar en la cabeza que eso pueda pasar. Esa también es la base de la reflexión.
Y ni si quiere hay que pensar en qué pasaría si se produjese, porque es evidente, no hace falta ir a Salamanca para saberlo. Debe ser una semana en la que la concentración de todos sea máxima, en la que se nota y se siente la responsabilidad y la presión, el saber que no se puede fallar en casa por muchos motivos, que hay mucho en juego y que el futuro está en manos de bosque salten al césped el domingo a las 12 de la mañana. Y en Marcelino, por supuesto, que ha sido el arquitecto de todo, el hombre que devolvió al equipo a lo más alto, y el que lo tiene ahora muy lejos de esa misma posición.