“El Valencia por este camino no puede ganar partidos”, decía Marcelino García Toral al final del encuentro que puede haber supuesto la sentencia del equipo en la Champions League. Y sin duda tiene razón, aunque con eso nos vamos a quedar, porque con la razón, ahora mismo, no se va a ninguna parte. 1 partido ganado de 12 diputados, y muchos de ellos han sido contra equipos netamente inferiores, como por ejemplo el Young Boys suizo. Se ha hecho un equipo para el técnico asturiano, a su imagen y semejanza, con las altas y bajas que él ha considerado oportunas, diciendo a todo que si y con un esfuerzo a todos los niveles del club espectacular. El rendimiento es indigno, y las explicaciones, hasta ahora, casi también.
Que esto es un desastre, que ya no vale el cuento de que los jugadores han venido pasados, o pesados, o sin pretemporada, o se deben adaptar, o cualquiera de la excusas estándar que se usan en estos casos, que muchas veces son ciertas, pero que llegados a este momento están totalmente agotadas. Esto no se puede aguantar ni tolerar, y el nivel de exigencia no se puede poner más bajo, que esto es el Valencia, estamos en el año del Centenario, y este equipo se había diseñado para poder recortar distancias con los más grandes de España y de Europa. ¿Hay que jugar a dar palos? ¿En serio tenemos que volver a esos tiempos para que alguno se ponga las pilas? ¿Es que no hemos aprendido nada?