Me pregunto por qué nunca se habla claro en el fútbol

Un juego precioso, pero un negocio con muchos trileros que no son más que eso, y es algo que se debe terminar de una vez por todas

Balón de la Liga

En el mundo del fútbol siempre merodea una raza de tipos que lo crispa todo, que no pueden estar sin enmerdar, liar, confundir, jugar al ratón y al gato. No, no se trata de agentes, o al menos no sólo de ellos, porque los hay muy buenos y muy malos, como en todos los órdenes de la vida. Simplemente digo que hay tipos que aterrizan en este negocio y que no son ni trigo limpio ni buena gente. Puede ocurrir que confundan a un jugador, a un entrenador, a un presidente, a un director deportivo… las opciones son tan amplias como los oficios que hay en esto.

Tienen el don de engatusar, de parecer que son lo que realmente no son, aunque cuando te das cuenta es tarde. Siempre es muy tarde, por mucho que lo veas venir. En el fútbol, como decimos, hay buenos y malos profesionales, pero lo que se hace insoportable son las malas personas, los perros sarnosos que muchas veces acechan detrás de una esquina. Esos seres avariciosos a los que el fútbol les importa una soberana mierda, que sólo buscan ganar dinero o notoriedad (normalmente van juntos ambos conceptos), y para eso pisan las cabezas que sean necesitaras, da igual el coste humano que eso pueda tener para ellos.

Son los que terminan poniendo a los aficionados de uñas, o que estos la tomen con alguien que posiblemente haya cometido el delito de dejarse embaucar por este tipo de gente. No los debemos consentir, y en el Valencia, que es algo sagrado para muchos de nosotros, menos todavía. Alguno puede estar preguntándose que a qué viene este artículo. La respuesta es quizá tan difusa como el propio texto, pero lo podríamos resumir: todos nos conocemos, todos sabemos de qué pie se cojea, y con mi club no se juega. No se juega nunca.

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