Héctor Cúper, el gran olvidado de la época dorada del Valencia

La imagen del técnico argentino no ha trascendido tanto como la de otras figuras de la historia del club, Héctor Cúper nunca llegó a conectar al 100% con Mestalla

Héctor Cúper

En estos días en los que el fútbol brilla por su ausencia el aficionado debe conformarse con la revisión de partidos históricos, son muchos los debates que surgen en las redes sociales sobre diversos nombres que marcaron época. El argentino Héctor Cúper es uno de ellos y la impresión general es que muchos aficionados no veneran su figura de la misma forma que otras. Es frecuente que se califique a Cúper como un entrenador perdedor, un argumento que se sostiene si tenemos en cuenta el número de finales en las que salió derrotado durante su carrera. Pero también es una definición injusta si realmente valoramos sus números y los méritos, esto es especialmente visible analizando su paso por el Valencia. Aquel equipo escribió la página europea más brillante de la historia del club en 2000 y 2001 aunque no levantara la Champions (el logro supera en dificultad incluso a la Recopa de Europa conquistada en 1980 y las dos Copas de Feria de los años sesenta). Fue la única vez en la que el Valencia se codeó de verdad y puso en aprietos a los más poderosos del continente,

Las derrotas en París y Milán escocieron demasiado y dejaron marcado el paso de Cúper por el Valencia. Pero se olvida con frecuencia que con el argentino en el banquillo el Valencia firmó encuentros legendarios, y por encima de todo se mejoró un equipo que ya tenía unas bases con Ranieri pero también carencias. Los inicios fueron duros (con cuatro derrotas consecutivas en La Liga), pero ese Valencia llegó a tener opciones matemáticas de ganar La Liga 1999-2000 hasta la penúltima jornada. Un año después, con un equipo totalmente roto en lo anímico, solo el "Rivaldazo" del último minuto evitó una nueva clasificación a la Champions. Sumado a las dos gestas continentales un balance más que satisfactorio en sus años en Mestalla.

Héctor Cúper llegó a firmar una trayectoria absolutamente espectacular en sus primeros años en competiciones europeas: no cayó en ningún grupo clasificatorio ni perdió una sola eliminatoria a doble partido hasta su cuarto año (finalista de la Recopa con el Mallorca, doble finalista de la Champions con el Valencia y finalmente semifinalista de la Copa de la UEFA con el Inter de Milán en 2001-02). Sin embargo el sambenito de mal entrenador, cobarde y perdedor le acompañó siempre por su gafe con las finales.

No le ayudó su carácter, demasiado hermético y serio; Cúper no tenía el carisma de otros, esa es la realidad. Quizá por ello no conectó con Mestalla e incluso vivió algún episodio muy desagradable como el ocurrido en febrero del año 2000, cuando su coche fue atacado por un grupo de desalmados, aunque aquel fue un hecho aislado sin duda. Basándonos en lo futbolístico, el Valencia de Cúper defendía incluso con más seriedad que un año antes de la mano de Ranieri, y al contrario de lo que muchas veces se cuenta, era un conjunto mucho más dinámico que ofreció momentos de gran fútbol de ataque. En la final de París el equipo no compareció y en Milán Cúper recibió graves ataques por sustituir a Aimar en el descanso y dar entrada a Albelda. El Bayern terminó empatando con un penalti discutible pero esa final se podría haber ganado perfectamente; el Valencia era un equipo muy difícil de batir con el marcador a favor. La fortuna no estuvo de su lado y la frágil línea entre la gloria absoluta y la profunda decepción marcó su imagen como entrenador del Valencia.

Mestalla santifica a sus ídolos, agradece y recuerda a aquellos que hicieron historia de verdad, pero también tiende a regalar un cariño excesivo a otros jugadores o entrenadores del pasado que aportaron mucho menos que Cúper a la historia del club. Las ovaciones a Joaquín o la devoción en redes sociales por Maduro son solo dos ejemplos. Cúper no estuvo en las celebraciones del centenario y tampoco recibió tanta atención por parte del club como otras figuras históricas. Los grandes merecen el recuerdo eterno y Cúper escribió una página memorable en la historia del Valencia pese a no levantar el título más importante, la deuda de un sector de la afición con el argentino sigue latente dos décadas después.

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