Levante UD-Málaga CF (3-2): Eliminados con la cabeza alta

Levantó un 0-2 en contra para llevarse una victoria que no otorga el pase a cuartos pero sirve para llenar de moral y confianza al equipo de cara a la Liga.

El Levante luchó la eliminatoria hasta el último minuto / Foto: Jorge Ramírez (LUD)

El Ciutat de València apagó sus luces para lo que resta de Copa del Rey, aunque los aficionados que acudieron se marcharon tras disfrutar de 90 minutos de máxima entrega de su Levante UD. En las peores circunstancias posibles, tras el 2-0 en contra de la ida y con el Málaga CF puesto 0-2 arriba en la vuelta, los de Alcaraz no se dejaron ir y le dieron la vuelta al marcador. Se confirmó la eliminación en octavos de final pero los 'granotas' se llevan mucha moral para tratar de revertir la mala situación en la Liga española.

La imagen era cuando menos emotiva y evocadora; anclados sobre el centro del campo del feudo de Orriols la práctica totalidad de los jugadores azulgranas hicieron un círculo mágico. Abrazados, había miradas de complicidad y gestos indiscutibles de aprobación. El grupo no celebraba sobre el verde el paso a la eliminatoria de los cuartos de Final de la Copa del Rey. Unidos, y en evidente comunión, festejaban un triunfo desprovisto de un componente competitivo, pero volcánico y racial en su consecución. De fondo sonaba un coro de aplausos procedente desde la grada del Ciutat de València.

La masa social adscrita al levantinismo retribuía el generoso esfuerzo de un colectivo que fue capaz de encontrar los argumentos necesarios para enjugar una distancia que se antojaba sideral y casi definitiva a la conclusión del primer acto como consecuencia de las dianas de Ricardo Horta y Recio. Barral, por partida doble, y Juanfran cancelaron la ventaja malacitana en un epílogo de confrontación tremendo.

Hay victorias que pueden trascender a su propio contexto y contenido. El corajudo triunfo ante la escuadra que prepara Xavi Gracia puede estar revestido con estos condicionantes. El bloque que tutela Lucas Alcaraz quiebra un estado que parecía circundar la melancolía después de varias semanas sin conjugar con la victoria, si bien el signo que más se había repetido en las confrontaciones oficiales postreras era la igualada. En ese sentido, hay un sentido terapéutico y revitalizar que subyace por detrás de la victoria conseguida ante las huestes andaluzas.

Hay un refuerzo moral a apenas unas jornadas de un nuevo enfrentamiento titánico ante el Elche en el formato de la competición liguera. Y en un camino tan pronunciado y escarpado cualquier síntoma de recuperación es bienvenido en aras a recuperar la autoestima.

Parece irrefutable que Barral fue el catalizador de las emociones azulgranas tras emerger desde el banquillo ya en la reanudación. Hubo dos partidos muy distanciados entre sí. El Málaga tuvo al Levante sedado durante algo más de una hora. Su puesta en acción fue reveladora y demoledora. Cualquier atisbo de reacción por parte del bloque azulgrana parecía cercenado tras la diana de Ricardo Horta.

Y si existía algún tipo de perspectiva para fundamentar la esperanza surgió Recio para ampliar los márgenes de la distancia. El jugador del Málaga golpéo con precisión y sagacidad desde la corona del área de Jesús para fijar el cuero en la escuada. Fue un gol extraordinario. Las dianas subrayaron la superioridad visitante. El partido parecía encauzado y totalmente oriento. No había espacio para las emociones, ni para la conmoción, pero el fútbol no es una ciencia exacta.

La aparición de David Barral sobre el verde generó un cortocircuito en el fluido malacitano. De repente el Málaga perdió consistencia y calado y el Levante se convirtió en un auténtico vendaval. Alcaraz introdujo un formato con dos atacantes natos, Barral y Rafael, rodeados de distintos jugadores con una clara vocación aventurera. Xumetra ofreció mayor verticalidad por la derecha y Camarasa acaparó galones en la línea de medios junto a El Adoua. No obstante, los reflectores iluminaron a Barral. En tres minutos había minimizado la ventaja del Málaga con dos dianas. Su segundo gol compendió calidad y precisión.

El atacante controló el cuero en un palmo de terreno, se revolvió y ajustó al palo largo de Ochoa. El meta mejicano extrajo reflejos para desactivar un remate de cabeza del andaluz que presagió el tercer gol. Juanfran confirmó el triunfo local y Barral marchó a los vestuarios tras anotar con la mano. Era la segunda amarilla y la última bala de un Levante por instantes soñó con hacer historia.

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