Cómo explicar lo inexplicable

El ambiente y la trayectoria con la que llegaba el equipo otorgaban posibilidades de caer eliminados, pero asimilar el duro golpe de Cornellà llevará su tiempo.

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El árbitro pitó el final del partido y el marcador del estadio de Cornellà-El Prat señalaba un 2-0 mortífero para el Valencia CF. Era un resultado que finiquitaba las opciones valencianistas en la Copa del Rey, precisamente la competición que los aficionados -no tanto el club- veían como la principal obligación y la gran oportunidad en busca del éxito en una temporada donde el título de Liga es poco menos que imposible.

"Las victorias me preocupan más que las derrotas. Hubiera preferido llegar a este partido con otras sensaciones, habiendo dejado otra imagen en los encuentros anteriores contra el Espanyol y el Celta", me contaba un alto cargo del Valencia horas antes de que arrancara el choque de vuelta de octavos de final de la Copa del Rey. Reflejo fiel de las dudas que había despertado el equipo tras esa grandísima victoria contra el Real Madrid, cuando el cielo parecía ser el límite para un equipo de Nuno que anoche tuvo su primera visita al infierno futbolístico.

Perdió su "primera final de la temporada", perdió la primera final y quizá única final de la temporada 2014/2015. La renovación confirmada un día anterior, hasta el 2018, le asegura oportunidades para arreglarlo en el futuro, pero eso sí, cuando se repita algo como lo de anoche es mejor que las explicaciones, 'on' y 'off the record' sean más contundentes.

Tan sólo Javi Fuego en zona mixta se quedó cerca de convencer al entorno de que la eliminación duele y mucho en el vestuario, de que la Copa no ha sido vista como un complemento al campeonato liguero en el que lograr el pase a Champions viene siendo el mensaje alto y claro que se manda cuando se trata de explicar el sentido de la presente temporada. Dio igual que el sorteo deparara un camino 'fácil' hasta la final, la fórmula del partido a partido no ha funcionado porque contra Rayo y Espanyol hay que pensar muy a lo grande para igualar el hambre y la motivación con la que estos equipos saltan al terreno de juego.

Contra el Rayo sonó la flauta, y contra el Espanyol -con uno menos gran parte del encuentro de vuelta- se rompió. Ni Nuno ni Yoel fueron demasiado autocríticos con la actuación del grupo, aunque Javi Fuego se 'manchó' las manos un poco más ante los micrófonos y dejó un "han sido superiores" en la eliminatoria para explicar la eliminación de octavos. Pero nadie en el club esconde que se veía venir, que el valor se da por sentado en futbolistas de este salario y calibre pero que pensar en un título cuando el corto plazo te marca dos partidos en una semana contra Rayo primero y Espanyol después es harto complicado.

Es más, el club sabía que llegados hasta cuartos de final, con el cruce contra un rival como el Sevilla si no pasaba nada raro y la cada vez más atisbable final de Copa en el horizonte, la imagen del equipo sobre el césped debía ser otra. Va con la condición humana, si sirve de algo decir esto, que no todos los compromisos saquen lo mejor de uno mismo. Pero hecho el ridículo y mostradas las correspondientes caras de culpabilidad caminando por zona mixta camino del autocar del equipo, no es de recibo tratar de restarle valor al torneo en el que te acaban de eliminar de manera lamentable.

En pequeñas dosis, es correcto decir que el 'colchón' ya se puso en la previa con aquello de "el equipo sufre mientras se acostumbra a jugar dos partidos a la semana". Curiosa declaración de Nuno cuando resulta que ni Rayo Vallecano ni Espanyol tienen plantillas hechas para competir domingo y miércoles. Están, si se quiere, en la misma situación que tú, y con muchos suplentes han ofrecido un rendimiento que todavía hace más evidentes las vergüenzas del primer proyecto de Peter Lim. Precisamente el nombre del magnate de Singapur salió a relucir cuando parte de la expedición valencianista desplazada hasta Barcelona quiso destacar que la llegada del multimillonario no era sinónimo de títulos desde el primer día, que esto lleva su tiempo y habrá más noches como la de Cornellà mientras dure su ciclo en la capital del Turia. Algo, por otra parte obvio, pero que sigue sin explicar lo ocurrido en octavos de final.

Y, ya por último, decir tras lo ocurrido que el auténtico objetivo de la temporada es la plaza Champions es una certeza tan grande como el estadio de Mestalla. Ya no hay nada más, pero es que sigue sin justificar ni por asomo que te elimine un equipo y un presupuesto inferior, que además te ha superado en la ida y en la vuelta con mayoría de suplentes en la convocatoria para Mestalla, y casi lo que es peor, cuando tú, a diferencia de la eliminatoria anterior, has hecho una apuesta más fuerte por el núcleo duro del vestuario.

Fue un cierre de sensaciones malas con lo visto en el césped y en el post-partido, sin haber escuchado nada que realmente apacigüe el dolor del valencianismo. Pero ya decía ese alto cargo en la previa aquello de "me hubiera gustado llegar con otras sensaciones", y más de uno se marchó a dormir sabiendo que también hubiera cambiado las sensaciones y la atmósfera que encontró con el partido y la Copa del Rey acabada para este Valencia CF.

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