La leyenda de Puchades

Especial sobre uno de los mejores jugadores de la historia del Valencia y la selección

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Antonio Puchades ha fallecido a los 87 años, con él se marcha una de las leyendas más grandes del Valencia y un verdadero símbolo para la afición futbolística española. Su historia queda ilustrada con la impagable calidad humana que poseía, pero sobre todo gracias a las imponentes actuaciones que exhibió durante su carrera.

Hasta el final. Antonio Puchades se apagó en un mes especial para el Valencia, mayo. Y curiosamente un 24 de mayo de 1950 se vivió una fecha clave en la historia del club, ya que ese día se jugó el mejor partido visto nunca en Mestalla. Puchades fue madrugador aquella tarde, despertó con un temprano gol a su estadio para cambiar el rumbo de la jornada, de la misma forma que hoy su club, su ciudad y todo el país que defendió comenzó el día con la fatal noticia de su muerte.

Valencia y Athletic jugaban el partido de vuelta de las semifinales de copa. Los vascos habían ganado 5-1 en la ida, por lo que en Mestalla haría falta un regimiento de gladiadores para intentar superar la eliminatoria. Y allí estaba “Tonico” (que ya llevaba cuatro años jugando en el primer equipo) para liderar desde atrás el empuje de un equipo decidido a remontar. Antonio Puchades era un jugador con grandes dotes para la contención y la presión, pero aquel día inauguraría el marcador. El Athletic se amotinó en su área en los primeros minutos, y allí entre un laberinto de medias rojiblancas, Puchades logró disparar con tanta potencia que batió al mítico Lezama, 1-0. Puchades marcó sus únicos dos goles en la copa a lo largo de su carrera en aquella mágica eliminatoria.

El partido finalizó 6-2 y se tuvieron que jugar dos prórrogas para encontrar ganador. Sobre el campo Antonio Puchades se convirtió en el eje y sombra de los Asensi, Igoa o Vicente Seguí. Extenuados, los jugadores aguantaban en el campo, en un tiempo en el que la preparación física no era la actual; tampoco el estado del terreno de juego ayudaba a que los futbolistas mantuvieran su integridad. El espectáculo fue tan grande que varios espectadores tuvieron que abandonar Mestalla en la prolongación debido a problemas de ansiedad. Marcó Gaínza en el minuto 125 de partido y el Valencia quedó eliminado. Un Antonio Puchades roto de dolor caía tendido en el centro del estadio. Agustín Gaínza y Telmo Zarra se abrazaban con el valenciano entre el sudor y las magulladuras de la batalla. Les faltaba el aliento y sus músculos estaban entumecidos, pero en unos días estarían juntos en el mismo equipo. El mundial de Brasil les esperaba.

Hace poco más de un año el barcelonismo despedía a Estanislao Basora, uno de los héroes de la selección española en 1950. Cada vez eran menos los supervivientes de la generación más exitosa en un mundial hasta la llegada de los campeones de 2010. No fue casualidad que aquellos hombres lograran hacer historia. Con un poco de suerte y algún efectivo en mejores condiciones físicas, España podría haber dado guerra a Brasil en la ronda final. Partidos como los vividos en la fase final del campeonato de copa pasaron factura a los mejores futbolistas del equipo.

Puchades era el pulmón español. Su estilo impresionó a todos sus rivales. Forjado en los campos de la comarca de su Sueca natal, “Tonico” era el encargado de realizar la parte sucia del trabajo del equipo. Sin él, la leyenda del gol de Zarra a Inglaterra no hubiera tenido el impacto que recibió ya que Antonio Puchades dominaba el centro del campo debido a su envergadura, siendo una figura clave del mundial. Cuando Tom Finney o Stanley Matthews bajaban a por balones al centro del campo, se encontraban con la “escoba de Maracaná”, el complemento perfecto para que Gaínza se liberara de obligaciones defensivas y los hombres de arriba intentaran el milagro. El seleccionador inglés Walter Winterbottom no daba crédito a la derrota sufrida ante España en la tercera jornada, un traspiés que les dejaba fuera del campeonato. Tras clasificarse a su primer mundial después de ganar sin oposición el British Home Championship, Inglaterra acudió a Brasil convencido de que ganar la copa sería coser y cantar... según el criterio de la federación Inglaterra hacía un favor a la organización cediendo por fin a sus jugadores.

Pero una vez en Río (Puchades solía referirse a aquel mundial como “el de Río”), los voluntariosos futbolistas españoles le dieron la vuelta al pronóstico. El destino de los Zarra, Ramallets, Basora y Puchades quedaba unido para siempre con aquella proeza. Y es que si algo le sobraba en su época como profesional al jugador del Valencia era todo lo que le faltaba a los ingleses: humildad. Puchades era un baluarte del equipo nacional que terminó cuarto en Brasil 50, pero sin embargo sentía que cualquier día podía volver a trabajar los campos de arroz, donde había aprendido a curtirse mental y físicamente. No le asustaba que esta posibilidad pudiera ocurrir.

Jugó 256 partidos de liga, un camino que había iniciado en Balaídos enfrentándose al Celta de Pahiño en 1946. Dos goles de Mundo decidieron un choque en el que el de Sueca estuvo solvente, sólo correcto en comparación con el espectacular rendimiento que ofrecería en el futuro. Jugó tres partidos más, incluido el de la última jornada del campeonato en el que se venció 6-0 al Sporting; un final de liga especial ya que el Valencia era campeón. Con poca participación Puchades llegó y besó el santo, un trofeo el de liga que nunca más volvería a tocar de cerca.

Pasarín le dio la alternativa, y más tarde fue indiscutible para Quincoces, Iturraspe o Luis Miró. Puchades se convirtió en el aliado de Mestalla, el omnipresente jugador que podía con todo. Su peso en la plantilla aumentó tras el éxito vivido en Brasil, pero “Tonico” seguía siendo el mismo. A su lado Seguí, Igoa, Fuertes o Badenes se convirtieron en mejores jugadores. También Wilkes, del que Puchades fue escudero en menos ocasiones de las que el fútbol español hubiera deseado.

Valencia 1949

Levantó la copa de 1949 y también participó en la mítica final de 1954 en Chamartín ante el Barcelona. Puchades nació en Sueca (una localidad situada a unos 40 kilómetros de la capital valenciana) el 4 de junio de 1925, diez días antes de que Mestalla albergara su primer partido de la selección española. Puede que el destino estuviera escrito, aunque más bien pensamos que fueron las contingencias de su vida las que le hicieron convertirse en el gran representante valenciano en el equipo nacional de su tiempo. Disputó 23 encuentros, una cifra de mucho más valor entonces que ahora. Con España viajó a Brasil, pero también a Irlanda, Suecia, Bélgica o Turquía. Precisamente ante el cuadro otomano vivió su despedida en el estadio Olímpico de Roma.

Si en Brasil había formado parte de la cara alegre del fútbol, cuatro años después se quedaría sin disputar su segundo mundial por el azar del “bambino Franco Gemma”. Pero a Puchades todavía le restaban unos años de labor. Vestir la camiseta del Valencia era algo más que un trabajo diario; un especial orgullo acompañaba al jugador cada vez que se enfundaba la elástica blanca adornada de las cuatro barras y el murciélago. Creer que jugar en el Valencia era un privilegio le hizo grande, ayudar y compartir su legado con los más jóvenes le transformó en leyenda. Se despidió en un partido homenaje en el que su público se entregó. Puchades abandonó Mestalla a hombros y por la puerta grande.

Antonio Puchades Selección Española

El fútbol español dice adiós a uno de los hijos de la “Furia española”. Puchades heredó como nadie la tradición de los grandes héroes de Amberes 1920. Si bien es cierto que otros se llevaron las portadas y el prestigio eterno de los goles, Puchades imprimió al fútbol nacional de ese sello característico que no se enseña en las escuelas. Capitán eterno y leyenda para siempre, el Valencia se acordó de él y de su trayectoria hace pocas fechas. A partir de 2013 el recuerdo debe ser permanente cada año, en cada lugar de la geografía valenciana. Puchades era especial, y por eso ha muerto en un día especial, para que la memoria pueda situarle al lado de sus éxitos en estas fechas y muy cerca de Mestalla. Por respeto a su figura y a semejanza de la costumbre británica, Antonio Puchades debería tener una estatua grande a la entrada del campo del Valencia, murió Puchades pero ahora debería comenzar el homenaje eterno...

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