Ser un pintado en el mundo del fútbol, como en la vida, es un oficio complicado. Primero tienes que ser consciente que lo eres, asumir tu papel y tu posición, y no pensarte lo que realmente no eres, porque entonces estás condenado al desastre. La palabra pintado es fea, muy fea, porque no tiene ni un sólo matiz que no sea negativo, pero en ocasiones, y salvando los matices, que haya alguien que tenga esa misión es básico.