Cuando el entorno del Valencia se pone en pie, tiembla la tierra. Pero cuando de verdad estamos de acuerdo en algo, cuando el movimiento es absolutamente espontáneo, sin que nadie tenga que mover un solo dedo ni decirnos lo que está bien o lo que está mal. Lo hemos vuelto a vivir esta semana con José Luis Gayà, al que sin venir a cuento se le cuestionaba el rendimiento y hasta se llegaba a decir que estaba sobrevalorado.