El Levante ha cambiado rápido el chip tras la derrota en Málaga. El jueves le espera el Helsingborgs en la fase de grupos de la Euroliga, sin tiempo para lamerse las heridas. Sin embargo, el partido del sábado sí que va a empujar a Juan Ignacio a meterle mano al equipo. La fragilidad defensiva mostrada en el arranque liguero preocupa y mucho y para el cuerpo técnico es una obligación cerrar el grifo. Ocho goles encajados en cuatro partidos son demasiados para un equipo caracterizado por su solidez atrás.