Algún amigo, y no tanto, me decían el domingo que no debía escribir ni hacer reflexiones en caliente. El problema es ese, y me explico. Estaba en mi butaca de Mestalla, observando al tendido, con una calma inusitada, contemplando lo que ocurría a mí alrededor. Las reacciones del público, los comentarios… Todo con mesura, sin estridencias. Y mis reflexiones fluían a la misma velocidad que el personal se calentaba con lo que estaba sucediendo. Unai Emery no es entrenador para el Valencia. Lo digo y lo mantengo.