El ambiente que había en Mestalla contra el Chelsea era excepcional. Los que habíamos, entregados. La competición, el rival, la magia de esas noches ayuda a generar una mística que sólo es posible bajo determinados parámetros.
Pero mirando hacia arriba, a la grada, te dabas cuenta que había mucho hueco. Estuvimos lejos del lleno, mucho, y era el partido “estrella” del grupo, aunque el decisivo vaya a ser contra el Bayer Leverkusen.