Un Valencia dividido y sin respeto: nuestra peor pesadilla

Hasta que no comprendamos que esto es tan grande que cabemos todos, con todas las formas de pensar posibles, no seremos lo que podemos ser

Afición del Valencia

Hasta que no entendamos que en el Valencia cabemos todos, con todas nuestras formas de pensar, no seremos el club que, por potencial, podemos ser. Esto no es nuevo, viene de siempre, pero pasa que ocurren cosas que te lo recuerdan de forma dolorosa más de una vez. El título ganado por el Athletic de Bilbao, con Marcelino en el banquillo, ha sido el último capítulo de esta historia.

Hay quien se alegra como si el Valencia hubiera ganado el título. Otros, como yo mismo, que no me sale, pero no por ser Marcelino, sino porque no es mi equipo el que lo ha ganado. Me pasó en 2005 con Benítez cuando se llevó la Champions de Estambul con el Liverpool. Luego me di cuenta que aquello no era mío, sino de alquien que me caía bien y que nos dio gloria. Pero nada más.

Respeto a todo aquel que piense distinto a mí en esto y en cualquier otra cosa. Porque sé, que cuando marque un gol el Valencia, si vemos juntos el partido, nos daremos un abrazo. Eso, y nada más, es lo que distingue a los que somos de verdad de los que pasan por la puerta. Y no, voy a ser tan torpe como el presidente del Valencia y hablar de falsos y verdaderos aficionados. Porque la grandeza está en el respeto.

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