El Valencia de nuestros padres (del mío)

En estos tiempos en los que todos nos ponemos a recordar la razón por la que somos de este equipo, conviene no olvidar muchas cosas

Mestalla

El Valencia de nuestros padres, el que nos inculcaron cuando descubrimos este sentimiento, no tiene nada que ver con el actual. Como tampoco, más que posiblemente, tuviera que ver el suyo con el de sus abuelos. Y así hasta llegar al origen de las cosas. Son días en los que nos estamos sumergiendo en nuestros propios recuerdos para no soltarnos del cordón umbilical que nos une al Valencia desde que tenemos uso de razón. Y eso, aunque no lo parezca, y no digo que sea fácil, tampoco es subir una montaña en zapatillas de ir por casa.

No recuerdo cómo me hizo mi padre del Valencia, porque supongo que fue algo natural, que ha sido así siempre. Me hablaba de Julio de Miguel, de Vicente Peris, de Sánchez Lage, de Manolo Mestre, de Ansola, de su Liga del 71. Esa era su Valencia, el del gran Mestalla de los 50, el de las Copas de Ferias de los 60, el de Kempes en los 70. Luego el desapego, la distancia, pero siempre con el sentimiento. La época de los presidentes sacados con pañuelos, cuando la tribuna mandaba lo que se hacía y lo que no.

Hoy el Valencia es distinto, y tampoco soy consciente de inculcarle nada a mi hija. Me pregunta por el resultado cada vez que hay partido, y cuando le digo que hemos perdido, con casi 6 años, me dice que "diles que hay que entrenar más, papi". Ella será del futuro Mestalla, de Parejo, Gayà y Jaume, de cuando la tribuna no tiraba presidentes y eran dueños de las acciones los que decidían el destino de la entidad. Y cuando les inculque eso a sus hijos, a mis nietos, es probable que sea tan distinto como nos parece ahora. En definitiva, ser del Valencia siempre, mande quien mande.

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