La autonomía en un club de fútbol con un dueño: nuestro Valencia

El pulso que lanzó Marcelino no va a caer en saco roto, porque no se puede estar buscando siempre tensar la cuerda a la propiedad

Alemany y Lim

La autonomía de un empleado en una empresa, sea de fútbol o de cualquier otra cosa, llega hasta donde el propietario marca, sea en el momento que sea, y jamás la excede ni la supera. El dueño se puede hacer el despistado, como que no no, incluso podemos estar convencidos de que le engañamos en algún momento, pero esa es una carrera de fondo, nunca de velocidad, y siempre la acaba ganando. Si te lo saltas porque una vez has hecho algo sin consultar ante el temor de que te pudiera decir que no, y lo vuelves a hacer, te metes tu solo en la boca del bolo sin ninguna necesidad cuando se supone que ese dueño confía en ti. Puede que el “Ojo de Mordor” no te mira siempre, pero llega un momento en que lo hace, y cuando llega, los problemas vienen en cadena.

Y lo que tampoco puedes hacer en una empresa, sea de fútbol o de cualquier otra cosa, es llevarle de forma permanente la contraria al dueño descartando todo lo que propone aunque tu, se supone, sepas más que él de la materia. Porque al final el dueño puede tener amigos a quien consulta, tan expertos como cualquiera, y que pueden darle una visión distinta de las cosas. Si a todo lo que te dicen te niegas, y luego todo lo que tu has propuesto no sale bien, algo siempre muy probable en el mundo del fútbol porque dependes del rendimiento de terceros, entonces el jefe te puede mirar mal, y con toda la razón del mundo. Sin poner un solo nombre, sin hacer ni bueno ni malo a nadie, creo que ha quedado todos bastante claro.

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