Líder y campeón, empate titánico

Una parte para cada equipo en el primer gran partido de la Liga

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El líder se presentó en su feudo, Mestalla, para mandar un mensaje al mundo. Estamos aquí. Unai planteó, nuevamente, un partido perfecto contra el Fútbol Club Barcelona y le ganó la partida a Pep Guardiola a quien le dio un baño táctico como no se recuerda. El Valencia se presentó con Mathieu como extremo, como ya lo hiciera la temporada pasada y con Alba como lateral en una banda izquierda que fue un puñal en el corazón del campeón.

Guardiola, por su parte, volvió a presentar un equipo con un sistema 1-3-4-3, con tres centrales, Maschererano, Puyo y Abidal y tres delanteros como Alves, perdido en el extremo, Messi y Pedro. La banda derecha del Barcelona fue castigada con vehemencia por un Valencia que encontró en la proyección de sus dos laterales izquierdos de la plantilla un filón que aún mereció mayor premio en los primeros 45 minutos.

Fábregas fue el mejor del Barça. Foto:lainformacion.com/Queimadelos Alonso/Getty Images

Césped cortito, presión hasta la frontal del área del Barcelona y un Éver Banega que se sobró para discutirle la hegemonía del centro del campo a los más prestigiosos medios del planeta. El Barça no se encontraba porque el partido se jugaba por los costados y su cúmulo de futbolistas por el centro era descomprimido inmediatamente por un Valencia, líder de la competición antes de su llegada y líder a su paso, con una planta excelente.

Se abrirán debates sobre si el Valencia puede ser una alternativa real o no a la Liga. A 38 partidos no se le ve plantilla al líder para aguantar el tirón hasta los noventa y largos puntos, pero a 90 minutos llega. Justo. Sin gasolina y con el agua al cuello en los últimos instantes, pero llega.

El partido se dividió en dos y en su primera mitad el Valencia fue sublime. Un equipo rápido y vertical que le discutía la posesión al Barcelona y que fue tremendamente superior. Se fue 2-1 y la distancia fue mucho mayor. Pablo metió esta vez la que el año pasado había fallado en el Camp Nou. Antes, Mathieu había encontrado la zona clave del campo. El punto débil de este Barça y se citó con la tragedia blaugrana cada diez minutos puntualmente. Allí acudía como un cordero cuchillo al cuello, Mascherano, vendido y Puyol desorientado. El castigo fue inferior a la diferencia mostrada.

En la primera galopada de Mathieu el Valencia encontró el gol. Pase al corazón del área y Abidal, que dio una impresión de buscar algo en la cola del INEM patética, le robó la pelota a su compañero Valdés, que la cogía de cara, para poner el 0-1.

El Valencia se descuadró 15 segundos. Los justos para celebrar el gol. Los necesarios para que el Barcelona empatara la contienda en la primera ocasión que pasaba de medio campo. Los centrocampistas del equipo catalán se asociaron, Cesc puso un balón divino a Messi y éste encaró a toda la defensa como quien va a saltar un banco del parque. Con toda la zaga pendiente del "10" y buscando cómo tabicar su peaje, el argentino filtró un pase a la izquierda donde aparecía Pedro... como por su casa. Y allí estaba Guaita para abrirle la puerta del palo corto que el canario aprovechó para hacer injusticia en el marcador. (1-1).

El Barcelona no se enteraba de qué iba el partido, Ever le escondía el balón a todos los medios que Pep había dispersado por el círculo central, con más tráfico que Madison Square a media tarde, y encontraba un hueco que al de Santpedor se le había olvidado tapar. Con Alves buscando aromas en el extremo, Mathieu y Alba llegaban una y otra vez a aquel costado. Como si se hubieran citado para matar a la misma víctima en el mismo sito a distintas horas.

Y volvió a ocurrir. Otro pase maravilloso de Éver que arrastró a cuantos medios se fueron subiendo a su chepa, volvió a dejar a Mathieu con más pradera por delante de la que jamás habría imaginado. El galo, feliz, volvió a trotar cual corcel libre y coló otro balón al área. Allí la dejó pasar Soldado y la remató Pablo. Mestalla explotaba y el Barcelona entraba en coma. (2-1).

Pablo puso el 2-1. Foto:lainformacion.com/EFE

Y tuvo que ser mejor. Soldado que lleva un inicio de temporada que mete goles hasta durmiendo, se encontró con otro regalo caído del cielo, (concretamente el que venía desde la izquierda enviado por Mathieu). Valdés se comió el centro, la defensa miró aterrada y Soldado despejó mucho mejor de lo que Abidal podría haber hecho. Ahí estuvo el partido.

Cambios

En la segunda parte alguien le dijo a Guardiola que el rubio aquel de la parte izquierda del Valencia iba a volver a poner un par de bombas si le dejaban trotar por el verde. Y Pep, previsor, mandó a Alves a su sitio. Recompuso el equipo y debió anotar en la libreta. Tres atrás contra los flojitos sí. Contra los listos de la clase, no vale.

Todo esto dejó a Cesc como extremo izquierdo y durante 8 minutos la segunda parte transcurrió con un Valencia cómodo y un Barcelona que no sabía si eso era Mestalla o Sarajevo en los 90. Pero Guardiola reaccionó. Recompuso el equipo. Le dio naturalidad al diseño. Puso una línea de 4 atrás y hasta aquí podemos leer del Valencia por las inmediaciones de Valdés.

Guardiola reaccionó a tiempo. Foto:lainformacion.com/EFE

Poco a poco el Barcelona se fue viniendo arriba y al Valencia se le fue encendiendo la luz de reserva. Por allí encontró Unai recambios a sus planes. Un pelín tardó en leerlo, y un poco más en acertar. La entrada de Tino Costa, obligada por la lesión de Albelda, le retrajo a la hora de hacer más cambios. Metió a Jonas en una guerra donde no pintaba nada. La defensa del Barcelona estaba para atacarla en velocidad, no con calidad y el brasileño no apareció más que para ver una amarilla.

Piatti llegó tarde y ya no pudo encontrar los espacios que el Barça estaba concediendo atrás.

Entonces compareció Thiago y Mestalla pidió las llaves para cerrar la paraeta. Entre éste, Cesc y Xavi empezaron a acelerar la velocidad de la pelota y por entonces ya no estaba Éver para discutirle nada a nadie. Así que las ocasiones empezaron a llegar.

En una de éstas Guaita se encontró con Messi mano a mano, pero por allí llegó un amigo de verdad. Rami demostró porqué, a veces, lo caro es barato. A renglón seguido Ruiz puso réplica en una embestida de Adriano, y a continuación, Messi encontró el carril por donde entraba Cesc, solo, para medir a Guaita. 1'95, para servirle. Pase usted por la derecha. El portero dio toda la envergadura que sus enormes brazos permiten, pero volvió a dejarse la puerta del palo corto abierta. El gol fue un pase a la red. (2-2).

Aún pudo ganar el Barça porque en los últimos minutos del Valencia de la primera parte no quedaba más que la afición. En una de ellas Villa, que no se había leído el libro del primer palo que Pedro y Cesc habían escrito, se encontró con el de Torrent tapando el tercero.

El Valencia estuvo brutal mientras tuvo aire y Banega jugó a la pelota. El Barcelona se perdió con el 3-4-3 y se reencontró con el 4-3-3. Y menos mal que Messi se tomó el partido de hoy a modo de inventario.

Velasco Carballo también tuvo lo suyo, pero no cabe en otro sitio que el final de esta crónica. Se comió un penalti de Rami a Messi y otro con manos de Puyol. Después expulsó a Jordi porque no había salido suficiente en la tele. Pero el fútbol reinó en Mestalla, feudo de señores. La casa del líder. Bien lo sabe el campeón.

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